Aunque a muchos quizás les parezca normal, es curioso pensar que a la hora de hablar de salud no podamos hacerlo sin que se nos presente, casi automáticamente, su polaridad opuesta: la enfermedad ¿Cómo llegó esta palabra a nuestras vidas, a estar presente en nuestro planeta, ganándose incluso un lugar en nuestro vocabulario?

Esto y muchísimo más en este post…

La palabra enfermedad proviene del latín y significa «falta de firmeza». En nuestro origen, en nuestro verdadero origen, no sintonizamos con la enfermedad ni con nada que se le parezca porque nuestro ser es Perfecto y Completo. Sin embargo, en este campo, al no tener todas las potencias activadas, es muy fácil caer en ella.

Hemos reforzado tanto el concepto -y lo cargamos tanto a diario en la red- que hoy en día lo más común pareciera que es estar enfermo. Tal es el caso que al momento de ensoñar un mundo ideal solemos hacerlo diciendo «deseo un mundo en donde nadie este enfermo», en vez de decir «deseo un mundo en el que todos tengamos salud».

Esa «falta de firmeza» que evoca la palabra enfermedad, tiene que ver con una falta de determinación a la hora de establecer esa conexión con nuestro verdadero ser.

Por lo tanto, para alcanzar la Perfecta Salud, el primer paso es reconocernos en el Ser original que somos y mantener la atención ahí. Claro que es un desafío de todo momento, pero aquí es cuando interviene la determinación.

Si no somos determinados en mantener la atención en la Conexión con el Origen y permitimos que se desvíe, nuestro campo emocional empezará a descontrolarse, dejándonos expuestos a sintonizar con lo que podemos entender como enfermedad.

¿Sanar o despertar?

Si nuestro ser en su origen es Perfecto, podríamos preguntarnos si hay en verdad algo que sanar o sólo es cuestión de despertar la consciencia.

Teniendo en cuenta que la enfermedad es un resultado creativo, va a depender de la frecuencia en la que nos vayamos moviendo la que determine que estemos sanos o enfermos. Puede que un error creativo haya provocado la enfermedad o que nos hayamos creado ese escenario para dar un salto. Independientemente de cual sea el motivo, lo que importa es quitar la atención de la enfermedad.

Sin lugar a dudas, si uno empieza a empoderarse, a elevar su frecuencia, a conectarse cada vez más con su verdadero Ser, se dará una transformación y simultáneamente una mayor expansión de conciencia.

No importa el problema, importa la solución

Es evidente que al hablar de Salud las emociones ocupan un rol fundamental. Después de todo son las que al descontrolarse afectan a nuestro vehículo físico. Sin embargo, la enfermedad es el último eslabón de un proceso que vinimos generando por una desconexión con nuestro origen; precisamente por no sintonizar con sentimientos armónicos más cercanos al amor y menos cercanos a la ira, al odio, etc.

Ahora bien, poco importa saber porque uno llega a donde llega sino más bien cómo uno sale de ahí. Saber la causa de una enfermedad, sin elevar la frecuencia no modificará ningún resultado. Quizás la mente puede darse cuenta del por qué. Mentalmente podemos llegar a entender, por ejemplo, que el estar enojado provocó tal o cual síntoma. Sin embargo ¿basta con saberlo para sanar? por más que podamos entenderlo, dejar de sentirlo es otra cosa.

Es necesario elevar la frecuencia y alcanzar la potencia que nos permita lograr el cambio. A veces nos creamos los peores escenarios para recordar el origen y manifestar nuestras potencias. En este contexto, ver a la enfermedad como la oportunidad para comenzar un proceso de elevación de frecuencia, puede ser una gran experiencia de sanación.

Así que recuerda, sea que se trate de esta experiencia de vida o de otra, la ausencia de salud es un escenario producto de nuestros actos creativos. Pensar que la enfermedad pueda ser producto de un karma de vidas anteriores y enfocarnos en ello es tratar de buscar la culpa o la razón de por qué estamos pasando por esto. No importa cuando se originó la enfermedad lo importante es como trascendemos eso.

Enfermedades hereditarias ¿mito o verdad?

Si pensamos en que somos capaces de heredar enfermedades de nuestros padres, no nos estamos reconociendo como los seres originales que somos.

Desde un punto de vista biológico, Bruce Lipton, doctor muy conocido en biología celular, afirma que las enfermedades no se transmiten genéticamente sino por creencias y, como seres creadores que somos, podemos cambiar los resultados.

El error que es necesario evitar es el de reafirmar las creencias. Si decimos por ejemplo «porque mis padres son diabéticos, voy a tener diabetes» estamos reafirmando y sintonizando con esa idea que no queremos para nuestra vida y acabamos creándola.

No somos victimas de la genética de nuestros padres ni culpables de la genética de nuestros hijos dado a que cuando elegimos encajar en esa familia, eligiendo a esos padres, elegimos toda la carga genética que puedan tener. Lo mismo que cuando nuestros hijos nos eligen a nosotros. Nos eligen con esa carga porque les servirá para su manifestación.

Cualquier condición que tengamos, por más terrible que parezca, es la forma en la que cada uno ha decidido manifestarse. Cuando nos hacemos cargo de ese proceso creador, entendemos que todo es parte de lo que tenemos que maestrear. Tenemos la capacidad de salir adelante, con solo sentirnos libres de cualquier carga genética.

El Poder del Sentimiento

Es un tema bien conocido el uso de afirmaciones para sanar. Sin embargo, ¿por qué a veces las afirmaciones no funcionan? en este punto, lo que ocurre es que las palabras no alcanzan y no sirven de nada si no se tiene el sentimiento correcto al momento de pronunciarlas.

Nada viene de afuera, todo viene de adentro. No hay ritual, ni vestimenta que nos saque adelante sino está en nosotros presente el sentir.

Repetir la oración adecuada, usar los colores adecuados, escuchar la música adecuada, son factores externos que no nos van a dar resultado sino tenemos el sentimiento adecuado. De lo que se trata es de tener la frecuencia correcta, lo cual se logra controlando nuestra atención. Así se genera el sentimiento adecuado y una vez que damos con el sentimiento correcto, tal vez ni siquiera haga falta la oración adecuada.

Ensoñando la Salud Perfecta

Para sanar lo primero y más importante es sacar la atención de la enfermedad. Dejar de afirmar que padeces de tal o cual cosa. Si sientes que son tus ojos los que tienen algún problema comienza a ensoñar, a sentir y a llevar tu atención a la visión perfecta. Y así con todo.

Cuando pedimos sanar algo estamos poniendo la atención en lo que no funciona, reconociendo que hay algo en nosotros que está enfermo. Pero si empezamos a vivir, a sentir, a ensoñar traspasando los límites del problema, imaginando a nuestro cuerpo haciendo todo lo que aparentemente no podía – ya sea correr si teníamos un problema en las piernas o ver una letra pequeña si nuestro conflicto estaba en los ojos- estamos llevando nuestra atención al lugar correcto.

De ese modo, por encaje de frecuencias todo evento físico empezará a adecuarse a lo que estamos creando.

La auto-curación

En todo proceso de autoconocimiento es común que se empiece a hablar de la autosanación. Sin embargo, pese a que todos tengamos la posibilidad de activar un proceso de ese estilo, cada ser lo hará a su forma y a su tiempo. Pretender educar a una humanidad para que se sane a sí misma sería imponer una forma, creer que existe una fórmula única y definitiva. Sin embargo, cada relación con la Fuente es única y la mejor manera de comenzar a sanar es centrando la atención en curarse a uno mismo, con nuestra fórmula y respetando la de los demás.

Si cada uno empieza a realizar su propio proceso, eso va a marcar un registro en la red. Si hay alguna fórmula, técnica o solución que sentimos que nos favorece, por supuesto que podemos promoverla, pero de nada sirve pelear e ir en contra de lo que no nos favorece. Atacar la industria farmacéutica o las terapias de cualquier tipo no ayuda a quien tiene su fe puesto en ello. Decirle a otro que no haga lo que esta haciendo cuando esa persona tiene su certeza en eso, así sea en tomar un medicamento, puede acabar boicoteando su proceso.

Después de todo, las ideas que tenemos sobre algo no son la verdad, son las ideas que uno tiene sobre algo.

Cada uno elige su medio y gran cantidad de personas todavía se sanan de la mano de otra, aunque sepamos que el proceso es individual.

Todos tenemos la capacidad para sanarnos por nosotros mismos, pero no todos alcanzan esa certeza en el mismo momento. Por eso lo que sana es la certeza en lo que estás haciendo, no lo que haces.

La Conexión con el centro Pineal, una cuestión de fondo

Muchas veces creemos que por hacer un ejercicio de conexión basta para sanarnos. Sin embargo, todo va más allá de una forma. Por más que hayamos hecho un ejercicio, escuchado audios, música o lo que sea, no necesariamente lograremos alcanzar la frecuencia que nos libere del síntoma, porque la forma sin sentimiento es un acto vacío.

Lograr la conexión y mantenerla es de un proceso que requiere constancia y determinación. Va a requerir que estemos constantemente revisando donde tenemos la atención y cuáles son los sentimientos que nos gobiernan. Hacer el ejercicio no necesariamente nos conecta, pero entender que un ejercicio es una parte de acompañar un proceso mucho más profundo puede comenzar a darnos grandes resultados.

También podemos haber tenido grandes experiencias desde la Conexión. No obstante, ante la menor duda generalmente reacciona lo aprendido y no lo experimentado. No está ni bien ni mal acudir a lo viejo y conocido, pero alguna vez, en algún proceso, anímate a desafiarte a ti mismo y ver si en medio del caos podes buscar adentro la solución.

No es cuestión de edad

Un tema que puede alterar nuestra sensibilidad y cuesta entender desde un punto de vista humano es que la enfermedad se presente en los niños. Pero si lo vemos desde el ser original que somos, no existe la edad.

Somos seres completos en si mismos que elegimos manifestarnos en una experiencia de vida. Aunque parezca duro hablar de que son los errores creativos los que también originan las enfermedades en los niños, debemos entender que el ser energía elige un escenario perfecto para su proceso por más que no podamos entenderlo.

No hay castigos, ni injusticias, ni dioses que eligen quien se enferma y quien no. Hay enlaces que generan padres con hijos pero no dejan de ser procesos creativos. Si un niño nació en un lugar donde por errores creativos de sus padres manifestó una enfermedad, es por encaje de frecuencias, y seguramente está en el escenario que mejor le permitirá sacar sus dones.

Al fin y al cabo, todo es una cuestión de creencias, incluso hasta el proceso de cambio llamado muerte. Pero tampoco hablar de muerte debería hacernos temer a la enfermedad. La muerte no significa agonía, de hecho, hay personas que simplemente se duermen. Comprender la muerte es un tema que podría demandarnos algún tiempo, o no, dependiendo de las opiniones y creencias que cada persona tenga al respecto. Sin embargo, la profundidad del tema amerita que lo dejemos para un próximo encuentro…

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