Si alguien te preguntara cuáles son tus creencias, es probable que lo primero que venga a tu mente sean creencias religiosas, políticas o sociales. Sin embargo, el vasto universo de creencias no se reduce a eso. Como seres creadores, construimos nuestra vida sobre la base de creencias. Básicamente, creamos desde lo que creemos.

Un multiverso de creencias

Todos tenemos creencias. Esto no tiene nada de malo. Las creencias determinan todo, desde cómo nos vestimos hasta cómo nos relacionamos, pasando por lo que pensamos y por nuestra manera de actuar. Vemos la realidad a través de creencias y construimos la nuestra a partir de ellas.

Ahora bien, en el mundo de creencias que habitamos hay algunas que sabemos que tenemos, otras que sabemos que no tenemos y hay un tercer grupo que está formado por «creencias silenciosas», es decir, por aquellas que no sabemos que tenemos y, en muchos casos, nos limitan. 

Las creencias del primer grupo, es decir, las que sabemos que tenemos, ya sea que sean limitantes o no, las detectamos muy bien. Por ejemplo, alguien podría decir «yo creo que no juego bien al fútbol» y efectivamente no jugar bien o «yo creo que soy disciplinada para entrenar» y serlo.

Las del segundo grupo, es decir, las que sabemos que no tenemos también son muy fáciles de detectar. Por ejemplo, podemos estar seguros de que no tenemos la creencia de poder volar. Si la tuviéramos, efectivamente volaríamos, porque lo que creo de creer, creo de crear.

Sin embargo, el tercer grupo de creencias, éstas a las que le llamamos silenciosas, son aquellas que no están tan claras o no las identificamos de manera consciente, pero en muchos casos, nos limitan haciendo que eso que queremos manifestar no se manifieste. 

Quizás sean creencias respecto a las relaciones, a nuestros sueños, a lo que sea. Estas creencias que pueden haber sido transmitidas, adquiridas o como fuera, están ahí, operando silenciosamente y afectando nuestro proceso creativo. 


Empieza a cuestionarte

Si hay creencias que permanecen ocultas es por el simple hecho de que hay cosas que no nos cuestionamos ¿A cuántas creencias les damos poder sin cuestionarlas? A veces porque las dicen personas a las que les concedemos cierta autoridad – como el médico – o porque está «científicamente comprobado». Pero otras las oímos desde la televisión y sólo por eso le damos poder.

La importancia de cuestionarnos las creencias es vital, desarrolla el propio discernimiento y eso nos hace libres.

Para empezar a detectarlas, prueba con hacerte esta pregunta ante diferentes situaciones: ¿qué creo realmente frente a esto?

Hay una diferencia entre lo que realmente creemos y lo que pensamos que creemos (o lo que nos gustaría creer). Nuestro comportamiento diario y cómo nos sintamos frente a determinadas circunstancias va a ser lo que realmente revele nuestras creencias más profundas. No lo que muchas veces decimos que creemos


Si bien la mayoría de nuestras creencias se adquieren los primeros años de la vida a partir de lo que nos transmiten, sobre todo nuestros padres, constantemente estamos generando nuevas creencias. Ya sea que las adquiramos por experiencia, porque nos las transmitieron en nuestra cultura, en nuestro entorno o porque pudimos confirmar ciertos resultados.

Hay una creencia que a muchos nos gustaría tener y se ha vuelto más común este último tiempo: La creencia de que es importante ser auténticos, guiarnos por lo que sentimos y tomar nuestras decisiones basándonos en ello. Sin embargo, por mucho que nos gustaría creer en eso, en el actuar por lo general terminan siendo las creencias silenciosas las que gobiernan nuestra vida. 

Queremos creer que es importante escuchar a nuestro corazón, pero seguimos sosteniendo una relación que ya no nos hace felices. Queremos creer que nuestras actividades deben ser el resultado de seguir lo que nos apasiona, pero no soltamos el trabajo que ya no nos gusta. Entonces, ¿qué creemos realmente? ¿que la pareja se elige con el corazón o que debo cumplir con “el compromiso de amarte de por vida”? ¿crees que debes seguir tu pasión y confiar en que el universo te traerá beneficios en abundancia o que si sueltas el trabajo que tienes no tendrás dinero?

La diferencia entre lo que te gustaría creer y lo que en verdad crees (la creencia silenciosa que gobierna tu vida) es clave.

Las creencias son parte del inconsciente colectivo. Saludar, dar las gracias, pedir permiso, son creencias que están en una red formada por todos. El gran error es pensar que las creencias son muy puntuales y son solo algunas. Estamos llenos de creencias, sino ¿por qué en ciertos lugares se desayuna con tostadas y en otros con tocino? Alguien podría decir que son costumbres. Pero claramente son las creencias las que sostienen a las costumbres.


Comienza a identificarlas

La mejor manera de pescar creencias silenciosas es a través de la auto-observación. Nuestro comportamiento diario es el que va a revelar lo que creemos realmente. 

Empezar a preguntarnos ante cada situación ¿que creo realmente de esto? es clave para nuestro trabajo interno. Pero es preciso estar muy atento, porque a veces pensamos que creemos una cosa y luego, en el actuar, nos damos cuenta que creemos en otra. Por ejemplo, podemos pensar que creemos que todos somos seres de luz, que las personas solo cometen errores creativos y que no hay maldad en el mundo; hasta que alguien viene, nos roba la billetera y decimos: ¡a ese cretino que lo metan preso! 

Otro ejemplo que suele mostrarnos creencias silenciosas es el sistema educativo. Está muy de moda la tendencia a promover una educación libre, diferente, basada en el sentimiento y en los talentos naturales del ser. Pero en el momento en que nuestros hijos llegan con un 4 en la libreta pensamos «anda mal en la escuela», o si recibe la bandera por tener el mejor promedio nos sentimos orgullosos. 

Algunas creencias están tan internalizadas que no las consideramos un obstáculo. Por eso, para poder hacer realmente una transformación es imprescindible empezar a conocerse.

Nada mejor para conocernos que someterse constantemente al proceso de las 3 A: auto-observación, auto-evaluación y auto-corrección.

Cuando algo no está saliendo como lo esperamos, sin duda es una creencia limitante la que está trabando el proceso. Preguntarnos en tal caso ¿cuál es la creencia que está trabando esto? es súper importante porque lo que sea que nos esté frenando siempre será una creencia y nunca una situación externa. 


Presta atención a lo que dices

El lenguaje es otra gran oportunidad para revisar nuestras creencias. La forma en la que nos expresamos u opinamos en las conversaciones más cotidianas revelan nuestra manera de pensar. Muchas veces estamos trabajando sobre determinadas creencias, intentando no decir comentarios pesimistas o negativos y frente a la conversación de otros caemos en el mismo discurso sin darnos cuenta. Es importante frenarnos y revisar. Salir del modo automático y empezar a cambiar.

Es un gran desafío cambiar las creencias. Pero el esfuerzo vale. Estar más consciente, más conectado, viviendo el momento presente nos permitirá estar preparados para que en cuando salte la creencia, la podamos transformar tomando una acción en contrario. 


Una buena manera de comenzar es armar una lista y anotar, de un lado, la creencia limitante y al otro lado, algo totalmente contrario. Poner la atención en eso nuevo que quieres creer ayudará. Recuerda que dónde está tu atención ahí estás tú.

Si no somos conscientes de nosotros mismos, podemos arrastrar creencias durante años. Buscar culpables afuera, por ejemplo, es una creencia que nos hace generar constantemente los mismos patrones, alejándonos completamente de un trabajo consciente.  

Claro que el trabajo de combatir la creencia nos demandará un esfuerzo. Tendremos que vivir con esa creencia y estar atentos, porque en cuanto nos descuidemos la creencia se va a despertar. Quizás te demande un doble esfuerzo: el de detectarla y el de repetirte constantemente, hablarte constantemente sobre el contrario que quieres empezar a creer. La creencia viene por el oído y si no te cuentas la nueva creencia, probablemente quedes atrapado en la creencia vieja. 

Algunas creencias, con el simple hecho de elevar tu frecuencia, se van a ir transformando. Otras van a necesitar mucha acción de tu parte. Pero ten por seguro que cuanto más te incomode una creencia, más la tienes que trabajar. Tráela al presente, al consciente, eleva tu frecuencia y empieza a transformarte un día a la vez.

Cuando menos te lo esperes, te encontrarás a ti mismo manifestando resultados diferentes, y en ese momento, te darás cuenta que aquella vieja y limitante creencia se ha ido.

¿Qué vas a empezar a creer? ¡Déjanos tus comentarios!

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