Al hablar de desapego emocional o simplemente de desapego, enseguida nos viene a la mente el apego a las cosas, a las personas, a lo vivido. Sin embargo, ¿qué es a lo que en realidad nos apegamos?

Todo sentimiento que no está alineado con nuestro verdadero ser, es decir, que no es generado desde la Conexión, se comporta como una fuerza creadora desalineada. Esa fuerza creadora es lo que comúnmente conocemos como emoción y si no nos hacemos cargo de ella, puede terminar generando un apego.

Si bien conocemos apegos de todo tipo: a las cosas, a los regalos, a los recuerdos, a los hábitos, a las personas,etc., todos ellos pueden reducirse a uno: al sentimiento.

A lo que en realidad te apegas es a lo que te hace sentir ese objeto, esa persona, esa situación. Mejor dicho, a lo que tu personalidad se apega es a ese objeto, esa persona o esa situación; porque el Ser completo que en verdad eres no necesita nada a lo que apegarse. El Ser es completo en si mismo y encuentra en el presente todo lo que requiere para manifestarse y ser feliz. 

Desapego y Desinterés

Uno podría llegar a pensar que el ser totalmente desapegado es una actitud egoísta y que la sostiene solo aquel que no le importa nada. Sin embargo, no debemos confundir el desapego con el desinterés. Practicar el desapego no significa que no nos importe el otro. Claro que importa. La diferencia es cómo nos vamos a vincular con ese otro, desde que lugar lo vamos a hacer ¿desde el ser original o desde la personalidad?

Actuar desde la personalidad queriendo ayudar a otro muchas veces nos hace caer en una compasión humana, una compasión mal comprendida en la que sentimos que si no sufrimos a la par del ser que está sufriendo somos fríos o sin corazón.

Sin embargo, la verdadera compasión, la que es capaz de practicar el Ser original que somos, no se practica sufriendo, sino comprendiendo que es por medio de la irradiación del Amor Divino como lograremos ayudar a los demás. 

Está muy arraigado en nuestras creencias y en nuestra cultura el creer que si a alguien le pasa algo malo tenemos que sentir dolor o angustia, al punto de creer que si alguien no se siente afectado por el dolor ajeno es porque no le importa. Pero nuevamente, desde la conexión no se trata de sufrir con el otro y convertirse en dos seres sufriendo por lo mismo, sino de vibrar tan alto como nos sea posible para que desde ese lugar el otro pueda levantarse. Te aseguro que de este modo estarás realizando el Mayor Servicio que pueda darse.

Asumir nuestra responsabilidad creativa implica empezar a identificarnos cada vez más con el Ser original que somos y cada vez menos con la personalidad. Entendiendo que todo apego está relacionado con la personalidad y no con la realidad de nuestro ser puede ser el primer gran paso hacia una verdadera práctica del desapego emocional. 

Un desafío y una decisión

Muchas veces el apego se origina por un miedo a perder, a alejarnos, a no confiar en los lazos invisibles que podemos tejer con las personas, con los lugares y demás. Identificarnos con la personalidad nos hace creer que tenemos que estar cerca o en contacto para expresar o manifestar amor, con lo cual ante la ausencia de ese ser o la lejanía de ese lugar, aparecen las emociones que no nos dejan soltar.

Mantener la conexión generando sentimientos de alta frecuencia, sin depender de lo que esté aconteciendo a nuestro alrededor, ni de las personas o vibraciones de nuestro entorno, puede ser y de hecho es un verdadero desafío. Es un desafío y una decisión.

Decidir dónde ponemos nuestra atención es la clave que definirá lo que dejamos entrar en nuestra vida. Decidir a qué darle importancia, dejar de ser víctima y asumirse como creador requiere de determinación y ten por seguro que el ser original que eres está dispuesto a asumir el reto.

¿A qué te aferras?

Entender que si estamos apegados a algo no estamos conectados, puede parecer duro, pero comenzar a practicar el desapego emocional a través de la conexión traerá consigo una libertad indescriptible.

Apegarse a la personalidad, es decir, a que mi nombre es fulano de tal, que soy de tal lugar, que tengo tal oficio, etc. genera que encontremos en lo externo una sensación de pertenencia. Acostumbrarnos a que lo externo sea lo que define nuestra identidad es una trampa del ego y puede llevarnos fácilmente a generar apegos de todo tipo, inclusive material. 

Apegarse a ese regalo de cumpleaños, al boleto de tren, al vestido de aquella fiesta, es una forma de querer eternizar un momento y de aferrarse al pasado. Es como sentir que esa persona o ese momento no está pero en el objeto la encontramos, “como si un pedacito de ese ser o de ese momento aún estuviera conmigo, aun me perteneciera”. 

Por esa cuestión de encontrar en el objeto el recuerdo de lo que alguna vez nos hizo feliz, nos perdemos de vivir el momento, de vivir el hoy con toda la potencia de nuestro origen. No obstante, si logramos conectar con el verdadero amor, comprenderemos que el enlace que tengamos con esas personas no se irá con el objeto. Por lo tanto, ya no necesitaremos de nada externo para sentirnos feliz. 

Quizás sea importante aclarar algo. El problema no es guardar objetos. El problema es cuando hacemos de los objetos un “objeto de culto”. 

Ser desapegado con lo material, no implica rechazar la abundancia, en absoluto, sino entender que no necesitamos de las cosas para sentirnos completos.

Cuando nos sentimos llenos por el auto, por la pareja, por la casa, etc. lógicamente no nos sentiremos completos cuando esas cosas o personas nos falten. Practicar la conexión nos hará encontrar ese punto medio en el que no necesitando nada lo tenemos todo. 

Muchas veces se malinterpreta el verdadero sentido de emprender una búsqueda espiritual y erróneamente se lo asocia con un despojarse de los bienes. Como si la riqueza y la espiritualidad no pudieran ir de la mano. En este punto el mayor apego puede ser el apego al desapego. Por eso es importante el equilibrio entre no volverse dependiente de las cosas y, a la vez, entender que desde el ser original que somos, la abundancia está presente en todo.  

Conócete más

El proceso de desapegarse de las emociones exigirá que estemos dispuestos a conocernos cada vez más. Entrar en este proceso probablemente nos coloque en un vaivén de sentimientos y emociones en el que habrá días en los que el Amor Divino estará más presente y otros, en los que quizás el extrañar, la nostalgia y la tristeza quieran cobrar protagonismo. 

Pese a todo, comprendiendo que sentirnos de tal o cual forma no está ni mal ni bien -porque nada de esto es una cuestión moral- hará que no nos juzguemos en el proceso y, sin apegarnos a sentimientos de baja frecuencia, encontremos en las herramientas de avance las claves para salir adelante.

Y tu ¿por dónde empezarás a practicar el desapego emocional? ¡Anímate a dejarnos tus comentarios!

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