¿Te has preguntado alguna vez qué es el destino? Si lo has hecho, probablemente hayas notado que esa pregunta nunca viene sola. Por el contrario, desata muchísimas más ¿Será que es el camino? ¿la meta? ¿Lo que creamos antes de llegar a esta vida? ¿o algo más que nuestra mente humana no logra entender?

A veces tomamos el destino como si fuera una «fuerza que está fuera de nosotros»; una fuerza sobrenatural que actúa sobre los seres humanos y nos puede llevar a cierto lugar.

Si bien podemos pensar que existe un destino bien definido por el cual uno viene a esta vida, al llegar a este plano nos encontramos con que también existe el libre albedrío. Entonces, ¿nuestra vida está marcada o es posible elegir? 

Destino y libre albedrío

Generalmente usamos la palabra destino para referirnos al objetivo o a la razón por la cual estamos aquí. Si bien, como veremos luego, estamos aquí por una razón, ésta va mucho más allá de lo que estamos acostumbrados a pensar. Por su parte, el libre albedrío siempre está presente y es el que nos permitirá elegir por dónde y de qué manera vamos a cumplir (o no) con nuestro destino. 

Claro que en este juego no estamos solos. Constantemente estamos generando «encajes de frecuencias», es decir, sintonizando con situaciones y personas -que aunque no lo veamos en el momento- son claves para cumplir con ese destino. 

Aunque en ocasiones sintamos que estamos perdidos o que no encajamos en el lugar en el que estamos, es importante aceptar que todos vinimos por un motivo y que nada ocurre por azar. Pero antes de seguir avanzando será mejor desmitificar algunas cuestiones.

Un Destino Mayor

A veces es tentador pensar que cada detalle de nuestra vida está escrito o planeado. Pareciera más fácil esperar una revelación que venga de afuera y nos diga qué hacer en lugar de «simplemente hacer». Pero el destino no tiene que ver con el hacer. Tu destino no es ser un profesional, que vino a desarrollar tal o cual empresa o armar un negocio. Tu destino no es la familia que decidiste armar, ni ser madre, padre, casarte, etc.

El destino del Ser Original que somos va mucho más allá y es uno y para todos el mismo: replicar el modelo del Ser Creador que somos y manifestar cada vez más el Amor de la Fuente. 

Las mayores confusiones al momento de entender estos procesos suelen darse cuando creemos que tanto destino como libre albedrío son asuntos de la mente exterior, es decir, de la personalidad.

De esta manera vamos por la vida preguntándonos si nuestro destino es estar con tal o cual persona, si podemos elegir continuar o no con dicha relación, etc., cuando en realidad, tanto destino como libre albedrío son asuntos del Ser y poco tienen que ver con el personaje que elegimos asumir.

Si empezamos a entender que somos infinitos, comprenderemos que nuestro destino no se circunscribe a una experiencia puntual, sino a algo mucho más grande y general que tarde o temprano todos tendremos que realizar, ya sea en esta o en otra experiencia de vida.

Destino gitano

Probablemente, las confusiones que podemos llegar a tener los occidentales a la hora de interpretar el destino surjan a raíz de una doble influencia que nos ha llegado: la griega y la romana. 

Los griegos mayormente entendían al destino como parte de la creación, es decir, como un proceso del Ser hacia su realización final. Esta idea que es la que más nos posiciona como seres creadores, en nuestra cultura no está sola. La influencia romana nos ha hecho absorber una noción diferente. Los romanos hablaban del fatum, aludiendo con ello al destino que está escrito en las estrellas. Esta noción que luego se transforma en el destino gitano nos presenta a un destino como aquello que inevitablemente va a ocurrir.

Si creemos, al estilo romano, que el destino es algo que fatalmente va a ocurrir, probablemente no quede mucho espacio para aplicar nuestro libre albedrío.

Pero si logramos comprender que tenemos una tarea Mayor que cumplir y que a su vez vamos a poder elegir cómo hacerla, perfectamente entenderemos que destino y libre albedrío pueden y de hecho van de la mano.

Nadie dijo que sería fácil…

Aceptar que nuestro destino es manifestar cada vez más el Amor de la Fuente puede sonar difícil o complicado. Pero esto es así sólo para la personalidad. El Ser sabe que es una tarea Simple – aunque simple no sea sinónimo de fácil – y que cada desafío que se presente es una gran oportunidad para poder hacerla.

Podrás preguntarte ¿por qué debemos hacer esta tarea? o ¿cómo fue que llegamos a asumir semejante desafío?

Para responder a ello es importante entender que toda la energía que le fue entregada a nuestro ser al entrar a este campo, era pura y perfecta. En las distintas incorporaciones a causa de nuestras decisiones, angustias, dolores, la fuimos «manchando», «ensuciando». Sin embargo, como esta energía debe ser devuelta a ese Origen de la misma manera que nos fue entregada, nos corresponde, por lo tanto, limpiarla.

Cuando lleguemos al punto de quitarnos todas las limitaciones, todas las cadenas y ataduras que nos impiden brillar, resplandecer, alcanzaremos nuevamente la pureza, logrando así la meta de todo ser: la ascensión. 

La Ascensión

Si bien a lo largo del camino pueden haber un montón de «destinos» si queremos llamarle de esta manera, la ascensión es el destino final de todos. La Gran Victoria de la ascensión se alcanza cuando logramos salir de este campo atómico para ya no tener que volver a entrar a la rueda de renacimientos. La ascensión es el destino primordial, es el verdadero propósito y es para todos el mismo.

Aunque a simple vista parezcan «tiempos complicados» los que estamos viviendo, en lo profundo estamos ante un tiempo muy especial.

A nivel planetario hay una elevación de frecuencia muy fuerte. Mucha energía está llegando y eso hace que tengamos una ayuda incrementada para que empecemos a recuperar memorias del origen, recordar quienes somos y cuál es nuestra verdadera misión.

Así como todos tenemos un propósito (un destino) también hay un Plan Divino que corresponde a toda la creación y es la constante evolución. Cuando los seres evolucionamos hacia nuestra Gran Victoria, logrando la ascensión individual, todo evoluciona. 

En este sentido, tenemos una gran responsabilidad y una gran tarea que cumplir ¿cómo lo logramos? Asumiendo nuestro rol y sanando lo más que podamos en esta vuelta, en esta incorporación, recuperando la esencia y encendiendo el amor divino en nuestro centro cardíaco. 

Desde lo externo, es probable que hayamos sintonizado en una familia, un lugar, un evento, que presente todas las condiciones que necesitamos para cumplir con nuestro rol en este plan. Aunque estemos rodeados de condiciones hostiles, si aprendemos a verlas como una gran oportunidad, podremos salir adelante.

Al comienzo dijimos que el libre albedrío no permitiría elegir o no cumplir con nuestro destino. Sin embargo, es importante saber que si uno no cumple con su parte, el plan no para, no se detiene. Si uno decide no hacerse cargo de su función alguien más lo hará. ¿Nos libera ello de la responsabilidad? De ninguna manera. Simplemente habremos de buscar la forma de realizar la tarea en otra parte.

Entonces ¿qué mejor que empezar ahora, aquí donde estás? ¿Para qué dilatar lo inevitable cuando todo es posible ahora si lo quieres? Esfuérzate y se valiente, que la Victoria es real y la meta, trascendente.

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