El progreso es imposible sin cambio, solía decir Bernard Shaw. Sabemos que el cambio forma parte de nuestras vidas, que está presente en todo lo que hacemos, en todo lo que vemos. Sin embargo, cuando de cambiar de opiniones se trata pareciera que el cambio está mal visto.

A veces cuesta aceptar que una persona puede cambiar de opinión, pero ¿cómo sería posible cambiarnos a nosotros mismos sin permitirnos cambiar de opinión? ¿cómo podríamos transformarnos y al mismo tiempo pretender seguir sosteniendo las mismas formas de pensar que teníamos hace algún tiempo atrás?

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No solo para salir del estancamiento sino porque el cambio es parte de la vida misma, es importante que estemos dispuestos a revisarnos constantemente. A veces nos atamos a opiniones que hemos dado hace tiempo porque creemos que cambiarlas está mal o que seremos juzgados por eso. Sin embargo, es muy probable que lo que pensabas hasta ayer no es lo que tal vez pienses mañana y está perfecto que así sea porque no hay proceso de cambio sino empezamos a discutirnos a nosotros mismos.

El verdadero cambio es poder discutirse a uno mismo

Nada de lo que acontece en este plano es permanente y ninguna opinión es verdadera, ni siquiera las propias. Discutirle a otro lo que él piensa, tratar de convencer a otro o pensar que está equivocado es una soberbia del ego. Tu punto de vista se forma en el lugar desde el que estás mirando, que no necesariamente es el mismo lugar desde el que otro mira.

Todos estamos en un constante aprendizaje y es natural que las opiniones se vayan modificando en la medida en que ganamos mayor comprensión sobre algunas situaciones o tras vivir determinadas experiencias.

Es probable que nuestra opinión acerca de una situación tan inusual como la que vivimos hoy, hace 20 años atrás hubiera sido otra, porque nuestra comprensión sobre muchos temas era otra y porque nosotros no eramos los mismos que somos ahora.

Cuando empezamos a elevar nuestra frecuencia y a sintonizar con distintos niveles de información, nuestra comprensión puede cambiar, y consecuentemente, nuestro sentir y nuestras opiniones.

Por eso, si te tienes que comparar con alguien que sea con vos mismo. Para eso puedes empezar a preguntarte ¿Realmente siento seguir sosteniendo esto que pienso? ¿o ahora siento algo diferente pero como «ya lo dije» me tengo que quedar con eso?

Nuestras propias cárceles

¿Cuántas veces hemos permitido que nuestras opiniones se conviertan en nuestras propias cárceles? Seguramente conoces a personas que han cambiado de opinión religiosa, política o hasta de ellos mismos y han sido muy criticados. Sin embargo, no hace falta ir a temas tan controversiales para notar un cambio de opinión. Cualquier asunto puede hacernos cambiar de opinión. Podemos cambiar de opinión respecto a las relaciones, al dinero, a nuestro trabajo, a la forma de ver la vida, etc. Alguien pudo haber dicho en un momento «el dinero no me sirve para nada» y después empezó a pensar «ahora me doy cuenta que si me sirve», o al revés.

Cambiar de opinión no debería ser nunca motivo para juzgarnos. A veces nos armamos barrotes muy estrictos, hasta dogmáticos. Queremos salir del dogma y ser libres pensadores, sin darnos cuenta que hasta esta decisión puede llevarnos a crear nuevos barrotes si caemos en la trampa de decir «yo ahora soy así y no puedo ir para atrás».

Cuando los juicios se vuelven nuestras propias cárceles, nos estamos privando de una gran oportunidad para avanzar en completa libertad de pensamiento. Encerrarnos en nuestra propia creencia limitante: la de creer que una persona siempre tiene que mantener su misma forma de ver las cosas, su misma forma de pensar, es no comprender que sin transformación no hay avance.

A medida que rompemos el cascarón de la personalidad nos animamos a deconstruirnos para volvernos a construir en una versión capaz de manifestar más del ser original que somos.

Cambiar de opinión no invalida nada

Hay momentos de la vida en los que estamos convencidos de que el camino que estamos siguiendo es el correcto, porque así lo sentimos y nuestra convicción nos acompaña. Sin embargo, con el tiempo puede suceder que ese camino que habíamos tomado – ya sea que se trate de una corriente de pensamiento, de una creencia o simplemente de un gusto- empiece a perder fuerza dentro de nosotros, empiece a desencajar con lo que hoy queremos para nuestra vida y elijamos cambiar.

Ahora bien, la acción de haber sostenido una corriente, una creencia, un gusto, lo que sea y después soltarlo no invalida ni la corriente ni la creencia, como tampoco nos invalida a nosotros mismos.

Que vos hayas cambiado, que tu forma de ver el proceso sea otra no invalida nada de lo que creías antes. Simplemente cambiaste vos. Rompiste viejas estructuras. Pero esas mismas estructuras quizás siguen siendo útiles para otra persona.

Comprender este proceso lo que hace es liberarnos. Si todo el proceso tiene que ir a la verdadera liberación nada mejor que poder liberarnos de nuestras propias opiniones. 

De adentro hacia afuera

Algo importante en este punto es que tengas presente que no se trata de querer cambiar de idea, porque cambiar de idea es algo que simplemente ocurre como resultado de un proceso.

Supongamos que queremos empezar a comer más vegetales o productos orgánicos porque hemos oído decir que es más saludable. Con esto en mente Vamos a lugares donde nos asesoran del tema y nos convencen de que los alimentos que no son orgánicos son dañinos para el medio ambiente y perjudican nuestro organismo ¿Es esta la verdad? ¡Depende! una ves más de tus creencias.

Tu mente puede intentar auto-convencerse de que esa idea es la acertada. Sin embargo, si no logras sentirte realmente a gusto con esa idea y en el fondo sigues deseando alimentarte de la manera en la que lo hacías antes, estás queriendo forzar un cambio.

Sin embargo, puede ocurrir que de repente una mañana te levantes y hablando con otra persona te des cuenta que tu sentimiento cambió y en el momento en que cambio tu sentimiento ya cambió tu pensamiento, cambió tu idea y cambió tu convicción. Ese es el proceso de elevación de frecuencia, de evolución del ser. La verdadera revolución es volver a evolucionar.

No se lucha para dejar de pensar de una manera, ni de sentir de otra. La transformación es algo más sutil y llega sin peleas, sin luchas. El pensamiento va a cambiar como resultado del cambio del sentimiento, por eso es importante que podamos estar en contacto con nuestros sentir.

Quizás hoy sientes que es el momento y en vez de sentirte en la obligación de sostener la imagen que sostenías te animes a construir una nueva. Recuerda que no se trata de cambiar por cambiar. Pero si deseas cambiar, si deseas evolucionar, tus opiniones y creencias van a cambiar contigo.


¿Qué te pareció el post? Déjanos tus comentarios y animate a compartir las opiniones que te has permitido ir cambiando en algún momento de tu vida…