¿Cuántas veces te has encontrado repitiendo o escuchando afirmaciones del tipo: “a tal edad tenés que casarte”, “a tal edad tenés que tener hijos”, “a tal edad tenes que recibirte”, etc? 

Existen esquemas sociales preestablecidos muy arraigados capaces de arrastrarnos fácilmente a reproducir una forma de pensar sin siquiera cuestionárnosla. Aunque muchos podamos creer que no nos influyen y que “hacemos lo que queremos”, muchas veces estos esquemas acaban usurpando un lugar muy profundo de nuestro subconsciente, y de una manera u otra, terminan condicionándonos.

Escucha»Estructuras limitantes» en Spreaker.

Probablemente nuestra acción no demuestre que obramos condicionados por estándares sociales, ya que si sentimos el deseo de hacer algo simplemente lo hacemos más allá de lo que piensen o digan los demás. Sin embargo, ello no quita que esos esquemas no roben nuestra atención impactando de alguna forma en nuestro sentir. 

Quizás a ti no te impida actuar el hecho de que tengas 60 años y quieras empezar a estudiar o que tengas 45 y estés buscando ser mamá. Pero si te afecten las opiniones de tu entorno o te genera sentimientos encontrados el hecho de que los demás emitan opiniones sobre lo que debes o no hacer de tu vida, sería una buena oportunidad para que comiences a preguntarte ¿realmente estoy actuando en total libertad y por fuera de los estándares sociales?

Una buena forma de que empieces a percibir donde te encuentras en relación a ello es observando tus estados de ánimo frente a las opiniones del resto. A veces, estamos tan esquematizados que pensamos que estamos libres de esquemas, sin darnos cuenta que estamos dentro de otros.

Existen muchos órdenes preestablecidos que quizás sean más sutiles, porque los consideramos “normales”, pero no por eso dejan de ser esquemas. Uno de ellos es quejarse todo el tiempo -por la política, por la sociedad, por la economía, por el clima, por lo que sea-.  También cuestionar todo el tiempo lo que dicen o hacen los demás o estar en contra de todo es un indicio de que nos movemos en un esquema. Por eso, cada vez que nuestro campo emocional se descontrola es momento para revisar cuál es presión que está influyéndonos.

¿quién dijo que había que tener tal edad para casarse y tal edad para separarse? ¿o que a tal edad se debe empezar a estudiar y a tal edad a trabajar? ¿qué pasa si tu primera casa la compraste a los 60 y si  tu primer hijo lo tuviste a los 45? ¿Si con tu pareja se aman y viven en casas separadas o se aman y viven juntos? 

Aunque muchas veces nos creemos ajenos a esas normas, un descuido puede hacer que se nos metan y modifiquen nuestra propia experiencia. Por eso es importante hacer un trabajo auto-consciente de auto-observación y tener muy presente que estos esquemas no solo te pueden afectar a ti. Algunas veces somos parte de los que afectamos con nuestra opinión a los otros y, estos juicios, acaban boicoteándonos a nosotros mismos.


Cada esquema que toca nuestro sentimiento nos hace recordar que está ahí, latente. Pensamos que no están pero están ahí. Algunos están tan incrustados o naturalizados que llegamos al punto de sentir que son intocables y que por nada del mundo se pueden cuestionar. Creer que es normal enfermarse en algún momento de la vida, que el trabajo con esfuerzo es el único que realmente vale, que renunciar a un empleo con 27 años de aporte para poner un negocio que nadie sabe si va a funcionar es una locura, etc. son todos esquemas mentales ¿porque no aceptar que el otro haga algo diferente?

En este punto es bueno recordar que todo lo que creamos nace del sentimiento. Es el sentimiento el que maneja la calidad de los resultados que tenemos a diario. Por más que creamos que no nos importa el “qué dirán”, si nuestros sentimientos se ven afectados y nuestros resultados se modifican por las acciones del resto, deberíamos preguntarnos si en verdad somos ajenos a la mirada del otro o es una historia que nos estamos contando.

Estar atento a cada paso es la clave más importante para comenzar a liberarnos de las cadenas impuestas o autoimpuestas. Siendo conscientes de nuestros sentimientos en todo momento podremos saber si somos realmente libres en nuestro andar o si hay algo dentro nuestro que se está entrometiendo. 


Si bien cuando comienzas un proceso de elevación de frecuencia todo se va acomodando por sí mismo, ser autoconsciente de lo que te ocurre en el proceso te permitirá estar más presente en el momento en el que sucede eso que quieres corregir. 

Muchas veces cuando se logra cierto proceso de avance podemos llegar a sentir que ya no nos importa el qué dirán. Pero sin darnos cuenta caemos en nuestras propias estructuras, las mismas que modifican nuestras emociones y nos llevan a juzgar nuestro modo de actuar.

Si realmente estuviéramos libres de todo condicionamiento humano no tendríamos miedo, no tendríamos angustia, ni discordia, no habría ira, ni duda. Si estos sentimientos aún están presentes, es necesario que sigamos derribando estructuras y quitándonos condicionamientos de encima.

Seguir las normas no te garantiza ningún  éxito. Hay miles de formas y maneras de vivir. Pero recuerda que la libertad creativa se elige quitándote las normas que decidiste imponerte y asumiendo la gran responsabilidad de no volver a aceptarlas.

Pregúntate a diario ¿con qué sentimiento estoy cargando esta red? ¿he dejado de reafirmar eso que quiero evitar? Corregir la acción quizás sea un paso muy importante, pero cambiar el sentimiento y encontrarnos en la libertad de no sentir que estamos juzgando a los demás, nos lleva a la verdadera Victoria.

La libertad creativa se gana cuando empiezas a crear tu vida desde la potencia de la Fuente, sin condicionamientos externos, ni internos que sean humanos. Cuando estés solo a la noche con tu cabeza en la almohada y no se interponga nada entre ti y tus pensamientos pregúntate a ti mismo ¿estoy logrando vivir realmente la vida libre que quiero vivir? 

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