El sol y la luna han estado siempre presentes en la historia de la humanidad. Todos los pueblos antiguos siempre le dieron una importancia fundamental en sus cosmovisiones. Los eclipses, llamaron especialmente la atención de los primeros seres humanos.

La Amaraka «tierra de la eterna juventud» o Abya Yala, que literalmente significaría «tierra en plena madurez o tierra rica o generosa» – la Actual América – no fue una excepción.

Para los americanos pre hispánicos era un fenómeno en que la fuente vital de energía desaparecía, sin saber si su abandono sería transitorio o definitivo.

Para los pueblos antiguos que creían que las deidades vivían en el cielo, un eclipse podría significar la manifestación de la furia divina o el presagio de un nuevo comienzo.

Por eso los griegos designaron al fenómeno con el nombre de «eclipse», que significa «desaparición» o «abandono».


Opuestos Complementarios

Para los mapuches son Antü y Küyen en lucha, Antü y Küyen son opuestos pero complementarios, ambos necesarios para mantener el equilibrio.

En el Tiwaninti suyos eran Inti y Killa en la disputa del dominio del cielo.

Para el pueblo selk’nam u Onas son una pareja que siempre tenía problemas, Kran y Kra en sus eternas disputas conyugales.

Los antiguos pueblos tarapaqueños del norte de Chile creían que un eclipse de sol ocurre porque la luna (agua), vence al Sol (fuego). Para evitar esta muerte, encendían fogatas en los lugares más altos. De esta forma, le ayudaban al sol a que recobrara sus fuerzas para que volviera a brillar.

En el México prehispánico era el evento más esperado. De hecho, los Mayas y Aztecas basaron su cosmovisión en la lucha diaria del sol por renacer cada noche.

En lengua Náhuatl al eclipse solar se le llamaba «Tonatiuh Cualo» (cuando el sol es comido).
En lengua Maya lo lamaban «Chiíbal Kíin» y significaba lo mismo.

Ambas culturas conocían y predecían estos acontecimientos con exactitud. Muchos de estos pueblos daban un significado especial al tono de la corona que se formaba en un eclipse solar.

Si la corona era rojiza, esperaban guerras, si ésta era blanca, entonces se preparaban para un año frío y en caso de ser amarilla, días de calor e incendios. Cuando se veía más azul, entonces anticipaba un año lluvioso.


Las observaciones que hacían del cielo les servían a todos los pueblos sobre todo para organizar sus tareas agrícolas y rituales.

Un eclipse de sol o de luna implica la muerte, pero también un ciclo nuevo, una interrupción del ciclo normal, una muerte que no es definitiva.

Para los quechuas y aymaras también los eclipses tienen relación con los conflictos entre el sol y la luna. Estos «encuentros» tenían una importancia fundamental: abrían y cerraban ciclos.

Pero no solo era importante el encuentro sino también quien vencía, si el Sol o la luna.

De hecho, fue un eclipse de sol el que marcó la fecha de fundación de Me Xi Co Tenochtitlán, ocurrida el 13 de marzo de 1325 del calendario gregoriano, señalando la Victoria definitiva de Huitzilopochtli, el quinto sol.

Los aztecas creían que la Luna podía apagar al Sol, pensaban que en el cielo luchaban el águila «Cuautli» (Huitzilopóchtli), contra un jaguar «Ocelotl» (tezcatlipoca) para evitar que el Sol se apagara.

Para los Mayas en el eclipse se veía la dualidad del «Dios Jaguar», Kinich Ahua, creador y señor de la vida y la muerte.

Por lo tanto, eran las dos cosas en uno, principio y final. Tanta importancia se le daba a esto que el Códice Dresden lleva un registro detallado de eclipses, pasados y por venir.

La exactitud de esos datos ha dejado mudos a muchos estudiosos, al grado que los documentos aztecas son más confiables que los europeos.


5 Soles, 5 Lunas

Los antiguos anahuacas, entiéndase los pueblos que habitaron el actual México, se referían a los «Soles» para aludir a «Eras históricas».

Una era estaba compuesta por un ciclo completo, esto es, por sol y luna, luz y oscuridad.

Un Sol, ciclo de luz, dura menos de 700 años y un periodo de luna, oscuridad, o años inútiles, dura poco menos de 500 años.

Cabe destacar que los cronistas europeos, quienes fueron los primeros en escribir la historia de México, sólo registraron los hechos históricos de los soles. La historia de las Lunas ha permanecido escrita en los códices y, hasta el momento, solo mantenida por las comunidades originales.

En la «Huey Cuauhxicalli», Gran Jícara de águila, generalmente conocida como calendario Azteca, se encuentra escrita toda la información relativa a los cinco soles y por consiguiente, sus cinco lunas.

Cada uno de los soles y las lunas poseen un nombre particular que los identifica. Ese nombre, lejos de ser caprichoso o estar librado al azar, se obtiene de la fecha en que inicia cada periodo.

En otras palabras, los nombres de los soles corresponden a los días que empezaron.

Así tenemos que el primer sol se llamó «Nahui Ehecatl» (Cuatro viento), el segundo sol «Nahui Atl» (cuatro agua), el tercer sol «Nahui Ocelotl» (cuatro ocelote o jaguar), el cuarto sol «Nahui Quiahuitl» (Cuatro lluvia) y el quinto sol «Nahui Ollin» (Cuatro Movimiento).

Nahui Ehecatl (primer sol) inició en el año europeo 3720 A.C., año en el que fue creado el maíz.

Nahui Atl (segundo sol) comenzó en el año europeo 2576 A.C. Aquí se fundaron las primeras «Tollan» (ciudades).

Nahui Ocelotl (tercer sol) inicia en el año europeo 1432 A.C. dando lugar al florecimiento de la civilización de los Huehuetolteca, conocidos como Olmecas.

Las civilizaciones Madre, Nahui Quiahuitl (cuarto sol) inició en el año europeo 288 A.C. Aquí florecieron Los Mayas, Zapotecas, Totonacas, Teotihuacanos, entre otros.

El Quinto Sol llamado Nahui Ollin, fue iniciado por los Toltecas de Tula, sin que lo hayan hecho florecer. Posteriormente en el año 1064 los Aztecas abandonaron Aztlan (lugar de las garzas) para convertirse en «Mexihtin» o Aliados de Mexi Huitzilopochtli y así recibir la responsabilidad de terminar el trabajo del Quinto Sol indicado por los toltecas para fundar la ciudad capital de anahuac llamada Me Xi Co Tenochtitlan.

Durante los 260 años, los Mexihtin reunieron toda la sabiduría generada por las civilizaciones del cuarto Sol.

El día Yei Ollin (tres movimientos) del mes Tecuilhuitontli (veintena de la fiesta de los señores) del año Ome Calli (dos casas), los Mexicas fundaron la ciudad de «Me xi co Tenochtitlan», con la señal del águila sobre el Mopal, iniciando el periodo de Luz del Quinto Sol, que concluye el 12 de diciembre de 1531 del calendario Juliano o 22 de diciembre de 1531 del gregoriano.

Esta fecha dio inicio a la quinta luna, el periodo de oscuridad o los años inútiles.


Aquí es importante recordar que en la fecha Azteca – Matlahtihuanyei Cuetzpallin (trece lagartijas) ipan Tlaxochimaco (veintena de la ofrenda de flores) ipan Yei Calli (tres casa)correspondiente a la fecha 22 de agosto de 1521 del calendario gregoriano, o 12 de Agosto del Juliano, el último Huey Tlahtoani Cuauhtemoc, antes de entregar la ciudad de Tenochtitlan a los invasores españoles, envió su último mandato hacia los cuatro rumbos del anahuac, conocida como la consigna de anahuac o la declaración de Tlatelolco.

Dicha consigna prepara a los anahuacas del quinto sol solo para vivir la correspondiente quinta luna, indicando las instrucciones específicas de lo que se tenía que hacer.

Asimismo, deja anunciado el nacimiento del Nuevo Sol, el sexto sol Ometeotl (de las Flores y del canto) el nacimiento de una nueva Era de Luz, que prepara y dispone el nacimiento de la generación del maíz, donde palabras que él no entiende «Dios» y «libertad» en español resurgirán.


El Sexto Sol

Había muerto Huitzilopóchtli, el quinto sol, pero faltaba su luna para completar el ciclo. Los años pasaban y la luna no llegaba.

El pueblo que poco a poco se dejaba morir por la viruela creía (pese a las advertencias de Cuauhtemoc) que la quinta luna nunca llegaría. Pero en diciembre de 1531 todo cambió.

En el Tepeyac una doncella se presenta a sí misma como «ca nehuatl in nicenquizca cemicac Ichpochitli Inantzin» – «La yo perfecta por siempre Doncella, virgen, su venerable madre»-.

La Tonantsin, conocida por los occidentales como la Bienamada madre de Guadalupe, lleva en sus espaldas el manto de la noche. Azul, con estrellas y contorno de Oro.

Posada sobre la Luna, el resplandor del Sol se asoma tras de sí. Un Ángel con alas de águila la sostiene mientras sus fieles vuelven a recibir su Don de la Fe.  

La Fe, cualidad que el pueblo de los Mexicas había perdido casi por completo, resurge gracias a la señal de la Virgen que con su cabello suelto y la cinta rodeando su cintura anuncia la llegada de su Hijo Ometeotl, el Sexto Sol, abriendo de este modo el tiempo del canto y de las flores.

Aquí es importante destacar que la lengua Náhuatl es una lengua poética, no literal. Por lo tanto, cuando hablan del canto y de las flores se refieren a las flores como símbolo de la belleza y de la perfección y a cantar como símbolo de libertad o estado de libertad del alma.

Por este motivo se dice que la humanidad del sexto sol, tiene destino de belleza y libertad. El significado de flores y canto. Tiene por finalidad reparar lo que se creó durante la última luna.

Lo que era parte del proceso de la oscuridad del periodo, también llamado años inútiles, no porque no tuvieran utilidad, la tenían, aunque eran de preparación al Sol. El nombre está marcando la era. Quizás por ese motivo especulo, también se puedan traducir como inútiles.

La Tonantsin, presentándose como la madre de Ometeotl anuncia que ya no se necesita más sangre (como se creía en el período de Huitzilopóchtli) dando con ello fin a los sacrificios.


¿Qué tenemos que reparar? ¿Qué se creó en la luna?

El distanciamiento de la madre naturaleza.
La separación del hombre de su entorno.

Donde debe volver a reconectar para cumplir su destino de libertad y belleza.
Volver a ser parte de la naturaleza.
Volver a retomar el contacto, la salud y la libertad.

Donde el periodo de la luna empezó con una peste viruela
y terminaba con otra.. ¿Coranavirus?


Fuentes donde profundizar

  • Nuestra Madre Eterna, La Luz que Guia a America , de Carlos E. Diaz Editorial Diana.
  • Conferencia de José Rios Topiltzin «El sexto sol de Anahuac»
  • Historia del Mundo de Carlos R Segovia.
  • El Sol Negro de Mario Humuy , editorial Debate
  • Usos y costumbres de los Araucanos de Claudio Gay editorial Taurus

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