Al momento de hablar de nuestros dones hay una pregunta que no podemos eludir «¿quién soy?». Comprender que somos mucho más que una personalidad; que nuestro nombre, lo que hacemos, nuestra nacionalidad, sexo, trabajo o profesión, es solo una representación de una pequeña parte de todo lo que en verdad somos, puede darnos una idea de la importancia que el don tiene en nuestra vida. 

Haciendo una analogía podríamos pensar que el Ser es el actor y la personalidad, el personaje. Nuestro Ser ha vivido muchísimas experiencias y ha representado los más diversos papeles. Pero cada vez que el actor diseña un nuevo personaje para vivir una nueva experiencia de vida, no lo envía desprovisto, le otorga a un regalo muy especial: un don.

Los dones son esas capacidades, habilidades, que nos hacen únicos. Los traemos desde el origen, por lo que están en nosotros de manera innata.

Los talentos, a diferencia de los dones, son más bien atributos de la personalidad. La práctica, el estudio y la perseverancia nos pueden ayudar a desarrollar diversos talentos. Pero éstos no necesariamente nos han acompañado desde siempre.

Si ponemos atención a la palabra Don, un don es un regalo. En este caso, un regalo del Ser a la personalidad. Este regalo no es aleatorio. El Ser se encarga de que nuestra personalidad pueda, a través del don, contar con la herramienta necesaria para hacer lo que en verdad hemos venido a hacer.

En otras palabras, los dones nos ayudan a cumplir con nuestra parte en el plan de la creación. 

Hay personas que desde pequeños son capaces de reconocer cuáles son sus dones, a otras quizás les cuesta un poco más darse cuenta o ni siquiera sienten tener uno. Pero todos tenemos dones. Lo que ocurre muchas veces es que la personalidad, a través del libre albedrío, elige tapar ese don. Los motivos pueden ser muchos, aunque principalmente es el miedo el que no nos deja verlos. Por este motivo, desarrollar la valentía es fundamental y esto exigirá un esfuerzo de la personalidad.

Es importante comprender que los dones son sumamente grandes y poderosos. Nadie nace con un don insignificante. El Ser que realmente somos, es a imagen y semejanza de la Fuente, de Dios. La personalidad puede achicar el don por cobardía, pero el Ser sabe que a través del Don que trae puede llegar a hacer un cambio en la humanidad. Trajo su don para cambiar el mundo.

El gran desafío es poder esplender ese don al verdadero voltaje que tiene: el de todo el Amor de la Fuente manifestado aquí.

Recuperar los dones

Los dones, como dijimos, le pertenecen al Ser que en verdad somos pero que hemos olvidado. Creyendo que somos simplemente una personalidad, no siempre nos atrevemos a sacarlos y terminamos tomando caminos que «nos convienen» por temor a hacer lo que realmente deseamos.

¿Cuántas personas eligen trabajos, oficios, profesiones sólo para cumplir con lo que los demás esperan de ellos? Estas decisiones que a la personalidad le generan sensación de comodidad, de falsa seguridad, a la corta o a la larga, se roban nuestra energía, nuestra felicidad y nuestro sentimiento de realización. Todas esas sensaciones deberían servir para alertarnos.

Cuando estamos insatisfechos, el Ser empieza a empujarnos para que nos animemos a desplegar nuestros dones. Aceptar esto, es decir, ponernos en actitud de recuperar los dones que nos pertenecen, puede ser desafiante. Pero en algún momento deberemos ponerle fin a aquellas cosas que no se corresponden con nuestra esencia y aceptar el regalo que nos fue dado.

Ahora bien, recuperar los dones no es algo que solo implique «recordar y listo». Se trata de un recuperar constante. Es revalorizando ese don a cada momento como lograremos mantenerlo vivo. Y esto se logra poniéndolo en práctica.

¿Cómo identificarlos?

Una buena manera de identificar cuál es tu don es preguntándote a ti mismo ¿qué es aquello que haría gratis? El don es algo que te apasiona, que te enciende. Es lo que te llena el corazón y hace brillar tus ojos. Es eso que harías aunque nadie te pagara por hacerlo por el simple hecho de que te hace sentir realizado.

Otra manera que puede ayudarte a identificarlos es la siguiente. Imagina que ya tienes toda tu situación económica resuelta, que no tienes ningún impedimento que no te permita realizar aquello que quieres realizar. Imagina que no existen los «No» en tu vida ¿qué harías?

Claro que muchas personas quizás digan viajar, comprarle cosas a mis seres queridos, etc. Pero vé un paso más allá e imagina que ya has cumplido todos tus «deseos humanos»… ¿qué harías?

Llega un momento en que nada externo nos resulta suficiente y debemos abrirnos a recuperar ese don. 

Venciendo las resistencias

A veces el problema no es identificar cuál es nuestro don, sino enfrentarnos a las condiciones que nos rodean y animarnos a manifestarlo. Muchas personas que tienen bien claro cuáles son sus habilidades naturales, qué es aquello que les apasiona, no lo desarrollan por temor a lo que los demás puedan decir o pensar.

El problema es que por cumplir con lo que los demás esperan de nosotros, ya sea por querer pertenecer o por temor a abrir nuestro propio camino, acabamos resignando la gran misión de nuestra vida.

Personas que quizás tienen un don para la música pero nacieron en una familia de abogados en la que todos esperan que esa persona también lo sea. Personas que quizás sienten una pasión muy fuerte por el deporte pero padecen de un impedimento físico, etc.

Muchísimas veces hemos sentido que las circunstancias que nos rodean no parecen ser las más favorables. Pero te aseguro que no es así.

Primero que nada es importante comprender que los dones no son genéticos, sino energéticos. Ellos están en la energía de quienes somos, solo que como hemos olvidado nuestro verdadero origen, a veces nos cuesta reconocerlos. Pero el Ser no se rinde y hará todo lo posible para que la personalidad despierte, así sea creando los peores escenarios para salir de allí y conseguir la transformación. 

Es común pensar que nacimos en el lugar equivocado o en la familia equivocada. Pero esto, lejos de ser un «error del destino» es la gran oportunidad para sacar ese don y esplender.

Cambiar la perspectiva y empezar a ver el contexto que nos rodea como un desafío, hará que la Victoria se manifieste.

Ahora bien, desafiar el entorno no significa ponernos en contra de él desde el enojo, la frustración o la impotencia, sino por el contrario, desafiar las circunstancias implica aprender a amar todo lo que nos rodea, amándonos primero a nosotros mismos. Eso lo lograremos conectándonos con nuestro verdadero origen, aceptando nuestros deseos genuinos y asumiendo nuestra tarea. 

Si aún no sabes cuáles son tus dones, empieza a vivir más cerca del Amor. Solo vibrando en la cercanía del Amor del Origen, nuestras potencias originales se empiezan a abrir. Vibrando en la frecuencia del Amor tus memorias olvidadas despiertan, recuerdas a qué viniste, qué es lo que estás haciendo aquí y naturalmente sabrás cómo hacerlo.

Pero recuerda «se valiente» porque como dice la Biblia «Si él con nosotros quién contra nosotros». Si tienes la valentía de identificarte con quien en verdad eres, nada ni nadie podrá alejarte de tus dones.

¿Te animas a compartir tu don? ¡Escribe en los comentarios!

Si prefieres oír, toca «play»

Escucha»Recuperando mis dones» en Spreaker.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *