Generalmente tendemos a asociar la sabiduría ancestral con aquella que es propia de los pueblos originarios. Sin embargo, esta sabiduría es mucho más amplia. Ha estado siempre y sigue estando presente a través de todos los tiempos, inclusive anteriores a la historia oficial.

Aunque muchos de nosotros la hayamos olvidado o no la tengamos tan presente está más cerca de nosotros de lo que podemos llegar a pensar.

Para ir comprendiendo cuan cercana nos es esta sabiduría, quizás lo primero que deberíamos aceptar es que estamos ante un saber que incluye al de nuestros propios ancestros. Nuestros padres, nuestros abuelos, tatarabuelos, todos tenemos ancestros que han tenido acceso a esa sabiduría y, al igual que ellos, todos la tenemos porque esa sabiduría está en nosotros.

Hoy por hoy a muchas personas probablemente les cueste comprender cómo es que esa sabiduría está dentro uno y es posible conectar con ella. Todo dependerá desde donde te estás viendo a ti mismo.

Si entendemos que somos mucho más que este cuerpo físico y que toda experiencia de vida, todo aprendizaje por el que transitamos en cualquiera de las incorporaciones que hemos vivido – ya sea en la tierra o en cualquier otro sistema- genera un registro, estaremos más cerca de entender que somos parte de esa sabiduría y, como tal, podemos acceder a ella.

La desconexión con un saber que nos es tan inherente es comprensible si tenemos en cuenta que nuestra cultura occidental ha tapado o menospreciado durante mucho tiempo cualquier conocimiento diferente al científico, especialmente el proveniente de los pueblos originarios.

La supremacía de la ciencia ha llevado a que nos acostumbremos a validar solo lo que tiene el sello de comprobado científicamente, dejando la sabiduría que tenían las abuelas completamente de lado.

Algunas voces se vuelven a oír

Actualmente, conocimientos provenientes de diferentes culturas pertenecientes a diversos pueblos han empezado a resurgir. Sin embargo, el mismo desconocimiento o el hábito de ver la realidad a través de la ciencia, muchas veces nos lleva a tomar una actitud «selectiva» y a la hora de darle crédito a un saber ancestral se lo damos a los pueblos más conocidos, tales como los mayas o los aztecas.

Por mucho que cueste reconocerlo todas las culturas de todos los tiempos tienen su conocimiento. No solo el pueblo americano. Españoles, italianos, franceses, vascos, todos los ancestros, incluyendo nuestros propios ancestros, cualquiera sea el lugar en el que nos encontremos, tienen conocimientos. 

Cuando logramos comprender que la sabiduría ancestral la da la observación y el paso del tiempo, no sólo empezamos a valorar la que viene de los pueblos de hace 3000 años, sino la de todo lo acontecido antes de nosotros. 

Prender el fuego como lo prendía nuestro padre, las empanadas que hacía nuestra abuela, el ritual de cortar la tormenta con un cuchillo, todo es sabiduría ancestral. Sin importar cuán vieja sea.

Comenzar a recordar

Si prestamos atención a los dichos populares nos daremos cuenta de que encierran mucha sabiduría. El famoso refrán «no hay mal que por bien no venga» a más de uno seguramente le ha sido de gran utilidad y más de uno ha podido comprobar su veracidad.

Los conocimientos y tradiciones que hoy por hoy nos llegan de diferentes pueblos y culturas, generalmente se transmitieron oralmente, de boca a oído.  Pero en este punto es importante entender que no necesariamente porque lo diga alguien de un determinado pueblo o cultura vamos a estar frente a un conocimiento cierto.

Así como cualquier información transmitida oralmente puede distorsionarse con el paso del tiempo, la sabiduría transmitida por los pueblos también puede sufrir alteraciones. Por eso es nuestra tarea conectar con nuestro sentir y discernir.

En otras palabras, prestar atención a qué nos resuena y a qué no, va a ser el indicador que nos diga si es por ahí o no es por ahí.

¿Cómo es esto posible?

Si solamente vemos la cuestión desde un punto meramente biológico, es claro que entenderemos que la sabiduría ancestral solo se transmite de boca a oído. Pero si comprendemos que la sabiduría no está en la sangre, sino en el ser infinito que somos, nos daremos cuenta que como seres energía podemos ser capaces de conectarnos a nuestro origen y desde allí recuperar todas las memorias y registros que existen, accediendo de esta manera a la sabiduría de todas las culturas y de todos los tiempos. 

Comprendiendo que la sabiduría está grabada en cada uno de nosotros ni siquiera sería necesario que alguien nos la tuviera que transmitir. Claro que llegar a esto requiere de un compromiso con nuestro proceso de elevación de frecuencia. Solo así podremos despertar esas memorias y conocer naturalmente cosas que de otra manera quizás nunca llegaríamos a saber.

Aceptar que la sabiduría ancestral no la tienen los ancestros, sino que vive en nosotros puede parecer contradictorio cuando observamos a seres de pueblos originarios pidiéndole permiso a los ancestros para hacer tal o cual ritual. Sin embargo ¿es a los ancestros a quienes realmente están contactando estos seres? Quizás sea el momento de entender la profundidad del tema en cuestión y de darle crédito a las culturas que tienen bien en claro que el permiso es un acto de amor para conectar con toda una sabiduría ancestral que vive en el interior de cada uno.

Cada vez que haces un rito, elevas una oración o te conectas de alguna manera con algo de Origen Superior, le pides permiso a esa sabiduría que vive en ti, le pides que entre a ti y que se manifieste. 

Por eso empezar a tener más contacto con nuestro sentimiento, ver que nos resuena y que no, es fundamental para generar un gran empoderamiento. 

Tiempo de Luz

Estamos en el preludio de un gran tiempo. Un tiempo que cada pueblo ha vislumbrado y anunciado de distinta manera pero aludiendo a una misma  verdad. El tiempo de la luz, del gran despertar de conciencia, es hoy. 

Parte del camino es amigarnos con la tierra, volver a reconectarnos con todo y comprender que somos uno con la naturaleza, con los animales, con las plantas, con los demás seres humanos.  Es el tiempo de volver a sentir que somos parte de un conjunto tan poderoso que quizás nuestra mente no acaba de entender.

Los 4 caminos, la Chacana, las cuatro direcciones o la cruz como la hemos entendido, nos hablan de que el camino es completo y que así como debemos recuperar la conexión con lo Superior, también debemos recuperarla con todo lo que nos rodea.

Es tiempo de abrir los brazos y en esa apertura volver a entregar el amor. Porque a fin de cuentas TODO somos uno.

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