Si existe una pregunta capaz de llevarnos hábilmente a la reflexión es la pregunta por el propósito de vida. 

¿Cómo identificarlo, de qué manera conectar con él y desarrollarlo al máximo en esta experiencia de vida? Todas estas preguntas nos embarcan en una tarea que puede llevarnos un tiempo, a otros apenas segundos y para algunos quizás toda una vida. Todo dependerá de la conexión que logremos con nuestro verdadero origen y de cuánto estemos dispuestos a comprometernos con nosotros mismos. 

Nada es aleatorio

Lo primero de lo que tenemos que estar seguros al hablar de nuestro propósito de vida es que todos, absolutamente todos, tenemos uno. No existe un ser humano que haya nacido sin propósito, así como tampoco existe ser humano que simplemente nazca por casualidad.

A pesar de que alguien pudiera decir “Es que mis padres no me buscaron” debemos tener por seguro que nada es producto del azar. El ser original que somos decidió manifestarse con una personalidad, en una determinada familia, en este tiempo, con determinadas características para poder manifestar lo que vino a manifestar.

Si aún tienes dudas piensa en esto: biológicamente las probabilidades de que un espermatozoide fecunde a un óvulo son mínimas. Nacer es prácticamente un milagro. Por lo tanto, si logramos nacer es porque nos aguarda una gran tarea, un propósito, un “para que”.

La gran diferencia entre el Hacer y el Ser

Si bien es común asociar el propósito a un oficio o profesión, el propósito no tiene que ver con esto. Tu propósito no es tu trabajo, tampoco lo que estudiaste o lo que quieres emprender. A veces intentando averiguar cuál es nuestro propósito de vida nos preguntamos ¿en qué tengo que trabajar? o ¿cómo debería generar mis ingresos? creyendo que estos interrogantes nos revelarán la respuesta.

Para dar con nuestro propósito de vida, lo primero que debemos hacer es comprender que éste no tiene que ver con lo que hacemos, sino más bien con quienes somos.

Es probable que en estos tiempos donde muchas personas se han visto en la necesidad de reinventarse, desde el punto de vista de un oficio o profesión, se hayan animado a preguntarse por su propósito de vida. Quizás haya personas que sientan que nunca encontraron el suyo y otras que no estén seguras de si están cumpliendo con su propósito o no. Sea cual sea el caso, hay una pregunta que quizás pueda comenzar a ayudarte ¿qué es aquello que harías gratis? 

Sin perder de vista que el propósito va mucho más allá de lo que hagamos, muchas veces es a través del hacer que logramos encontrar la manera de manifestarlo ¿pero cualquier cosa que haga me permitirá manifestar mi propósito? si y no. Todo dependerá del sentimiento que te mueve al realizar esa acción.

Cómo identificar nuestro propósito 

Para poder identificarlo ten presente que eso a lo que viniste te llama. Si lo que haces te apasiona, te mueve desde lo más profundo del ser, hace que te levantes cada mañana con alegría y entusiasmo, ten por seguro que lo estás realizando.

El propósito tiene que ver con manifestar el Amor de la Fuente sin importar lo que hagas o dejes de hacer. 

Si tienes dudas de estar cumpliendo con tu propósito, obsérvate, observa cómo te sientes en todo momento. Si hay algo que te resuena fuertemente, si sientes adrenalina y entusiasmo, si experimentas que todo tu ser se enciende -independientemente de lo que estés haciendo- ese es el momento en el que estás acercándote a tu propósito.

Quizás podríamos preguntarnos ¿cómo saber realmente si es mi propósito y no un capricho del ego?

El ego puede proponerse muchas metas y confundirlas con el propósito “Recorrer el país”, “comprar una casa”, “tener la familia ideal”, etc. Sin embargo, todo lo que la personalidad pueda llegar a desear puede ser una manera de intentar manifestar el propósito, pero no es el propósito en sí. 

Para identificar qué acciones se acercan más a la realización de tu propósito observa el sentimiento que te guía. Todos sabemos distinguir qué sentimientos son de alta frecuencia -aquellos que generan más amor- y cuáles son de baja frecuencia -aquellos que generan menos amor-. Prestándole atención a los sentimientos podrás fácilmente advertir si lo que haces resuena en tu centro cardiaco o solo resuena en tu mente. Si solo lo piensas pero no logras sentirlo, quizás ese no sea el camino o sea el momento de vencer resistencias.

La mejor manera de dar con nuestro propósito es dar atención a ese primer sentimiento que sucede antes que el pensamiento intervenga y hacerle caso más allá de todo. 

A veces no confiamos en nuestros sentimientos porque creemos que son moralmente incorrectos o simplemente por hacerle caso al que dirán. De este modo perdemos de vista que la moral es simplemente una convención humana y el que dirán, las dos palabras que más nos frenan. 

El miedo, un indicador 

Es probable que muchas veces el miedo intente interponerse en nuestro propósito. Ante este sentimiento es preciso que estemos atentos y conectados ya que así como puede ser una gran alerta, también puede ser un freno. 

Cuando los sentimientos que nos mueven son aquellos tales como la envidia, la soberbia, la culpa, es el intelecto el que está intentando tomar el control. Pero el miedo es diferente y suele ser el indicador de que es por ahí, aunque haya algo que nos esté frenando y nos impida dar el salto.

Sacar todas nuestras potencias seguramente genere miedo, pero ahí es cuando más necesitamos elevar nuestra frecuencia y dar ese paso. Sentir un poco de miedo ante nuestro propósito es normal ¡Es la gran misión de tu vida por eso tienes miedo! 

Lo importante es conectarse, elevar la frecuencia y dar el paso. Aunque parezca obvio, la mejor manera de arrancar es haciéndolo. No te postergues pensando en que las condiciones no están dadas o no estás listo. El momento perfecto nunca llega, por eso tienes que empezar hoy. 

Como dijimos alguna vez “si tu sueño no te asusta, es porque no estás soñando lo suficientemente grande”.

Los dones y el propósito

Nuestro propósito lo tenemos desde el instante antes de venir a este mundo. Podemos tardar nada o una enormidad en encontrarlo, pero existe en nosotros porque es uno y el mismo para todos los seres: manifestar cada vez más el Amor de la Fuente, en todo lo que hagamos, sin importar que estemos haciendo.

En todo este juego nuestros dones tienen un rol muy importante. Todos tenemos dones. Éstos son aquellas habilidades que nos permitirán cumplir con nuestro propósito. Son la manera, el medio que nos ayudará a expresarlo. Mozart, por ejemplo, desarrollaba su propósito a través de la música. No porque su propósito fuera tocar el piano (recuerda que el propósito no tiene que ver con el hacer) sino porque a través de la música había encontrado un medio que le permitía manifestarlo.

La atención en lo importante

El día a día muchas veces nos lleva a buscar cubrir nuestras necesidades básicas, haciéndonos  perder de vista nuestro propósito. Nos sentimos inconformes y no tan llenos porque nuestra atención está en los urgentes y no en lo importante. 

A pesar de esta insatisfacción, muchas veces seguimos evadiendo las cosas que nos apasionan por temor a que no nos den un sustento económico. Sin embargo, esto no es algo de lo que debamos preocuparnos porque el desarrollo de nuestros dones nos traerá la opulencia que anhelamos como consecuencia natural.

Es probable que para manifestar tu propósito tengas que animarte a cambiar de actividades. De hecho, cuando te conectas con tu propósito no solo tus actividades podrán cambiar sino también los lugares que frecuentas, las personas con las que eliges rodearte, etc. Todas y cada una de ellas son parte del camino para manifestar tu propósito que es siempre y para todos el mismo: movernos desde la conexión e irradiar ese Amor. 

Un trabajo interno

Para manifestar tu propósito deberás estar dispuesto a conocerte. Para ello no hay un solo camino, una única técnica,una única forma. Cada uno encontrará la mejor manera para expresar más de sí mismo. 

Algo que puede ayudarte a encontrar tu forma es observar qué cosas te hacen sentir bien, en qué relaciones te encuentras a gusto, haciendo qué cosas, etc. Para desarrollar tu propósito puedes hacer mil cosas distintas y en todas desarrollar tu propósito, o simplemente no hacer nada. 

Alguien podría llegar a pensar que si “no estás haciendo nada” sino simplemente sintiéndote bien no estás cumpliendo con tu propósito. Pero una abuela tejiendo, puede estar cumpliendo su propósito de una manera más potente que nadie, porque está en ese momento manifestando todo el Amor. 

Recuerda que el propósito no tiene que ver con la acción, como tampoco tiene que ver con cumplir con un rol. No es tu propósito ser esposo, padre, hijo, madre, amigo, jefe o empleado. El error que solemos cometer es pensar que de afuera algo nos va a dar ese propósito, cuando en realidad es interno. 

Estamos tan enfocados en el hacer, sobretodo en la cultura occidental, que pensamos que todo tiene que ver con eso. A causa de ello, cuando pasan situaciones que nos llevan a realizar cambios bruscos en la acción como puede ser que una persona se jubila o lo despiden del trabajo, se genera la creencia de “Yo no estoy aportando nada”, “no estoy haciendo nada”. 

Por eso es importante comprender que conectar con el propósito es un proceso interno, de autoconocimiento, de auto-observación. Al observarnos nos empezamos a dar cuenta de que hay cosas -aspectos de nuestra personalidad, circunstancias- que tenemos que cambiar, sencillamente porque no nos están permitiendo manifestar ese propósito. 

A la personalidad a veces le cuesta transformarse, pero es parte fundamental del proceso del ser. Es una decisión tener una mirada hacia adentro y tenemos que tomarla día a día, como así también es una decisión mantenerse conectado, llevando la atención a una energía de origen superior y desde allí empezar a irradiar.

Y Tú ¿descubriste tu propósito? ¡Coméntanos!

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