A la hora de sanar nuestros vínculos ¿cómo elegir por cuál empezar? ¿será que hay vínculos que requieren repararse primero?¿o es indiferente la elección y lo que cuenta es empezar?

Escucha»Los vinculos del amor» en Spreaker.

Empezar por el vínculo más difícil, por el que más nos desconecta, más nos descontrola, puede ser una opción. Estos vínculos suelen ser la raíz de otras maneras de relacionarnos, por lo tanto resolverlos puede liberarnos de otros enlaces. Sin embargo, más allá de que podamos elegir trabajar con una u otra relación, cuando estamos verdaderamente conectados y elevamos la frecuencia, nos damos cuenta que la primer relación a sanar es la que uno tiene consigo mismo.

El ego dañado podría fácilmente ser guiado por el dolor, el miedo o el rencor y elegir según sus caprichos. Pero si dejamos de lado los requerimientos del ego y empezamos a dejarnos guiar de adentro hacia afuera, estaremos frente a la puerta de una Gran Victoria.


La verdadera Maestría

 A veces es más fácil mirar hacia afuera y afirmar que el entorno es el que vibra en baja frecuencia y no uno mismo. Generalmente llegamos a esta conclusión cuando luego de un encuentro con alguien nos damos cuenta que algo cambió internamente, entonces decimos “¡yo estaba tan bien! Si no fuera porque fulano me hizo ese comentario mi frecuencia estaría de maravillas”.

Por supuesto que es fácil mantener la armonía cuando estamos solos o aislados. Pero ¿realmente ahí está la maestría?

Una frase conocida dice “Todos somos Maestros en el Tibet”, precisamente porque es muy fácil mantener la calma si no hay factores externos. No obstante, la gran maestría es poder mantenernos en la más alta frecuencia sin que nada ni nadie nos afecte, estemos donde estemos.

Como siempre decimos, este no es un proceso que sea fácil. Si fuera fácil todos tendríamos buenas relaciones. Pero por más desafiante que sea, es la manera de tomar el control de nuestra vida sin ser dominado por las circunstancias del mundo.


Conectar e irradiar

Empezar a compartir con las personas que nos rodean y al mismo tiempo poder ayudarlas en su proceso de elevación de frecuencia se resume en dos palabras: conectar e irradiar.

Mantener la conexión requiere de un control de la atención que exigirá nuestro esfuerzo. Si sentimos que estamos rodeados de personas que se quejan todo el tiempo o solo hablan de cosas negativas, empezar a poner la atención en las virtudes de esa persona, sacándola de lo que nos molesta, es una gran manera de comenzar. 

Si nos quejamos del entorno y empezamos a lanzar afirmaciones del tipo “son todos unos pesimistas”, “todos están en baja frecuencia”, lo que hacemos es reforzar creativamente todas esas condiciones. Esa forma de comportarnos debería alertarnos para que nos preguntemos ¿quién es el que está en baja frecuencia? Quejarnos del otro nos sitúa en la misma frecuencia que queremos evitar. Por eso, lo primero es buscar hacia adentro y detectar dónde estamos generando el desequilibrio.

Dejar de criticar, dejar de decir que el otro está en baja frecuencia e irradiar amor es la mejor manera de ayudar. Comprender que nuestro cuerpo físico es un equipo electrónico y nuestros órganos principales son emisores electromagnéticos, nos da la pauta de que tenemos la capacidad para hacerlo.

Lo que ocurre a veces es que al no ver lo que sucede en los niveles energéticos nos cuesta confiar, pero debemos estar seguros que logrando alcanzar una frecuencia elevada, comenzaremos a irradiarla de manera natural. 


Una vez más, ¿dónde está tu atención? 

Hoy en día es común encontrar en las redes sociales personas que se pelean y sacan su bronca y su odio con comentarios destructivos hacia lo que dicen o muestran otras personas. Automáticamente uno podría calificar a los famosos “haters” como malas personas y juzgar su manera de comportarse. Sin embargo, lo más probable es que sean personas que están enojadas por  una situación que les pasó o tienen mucho miedo.

Cuando empezamos a darnos cuenta de que ese ser es un ser energía al igual que yo que puede estar distraído, angustiado o simplemente pasando por un mal momento, comprendemos que  todo es creación y no hay víctima ni victimario.

A pesar de que pareciera que lo que más abundan son casos de personas que son destructivas, es muchísima más la gente que es constructiva que la gente que no lo es ¿dónde está tu atención?


El control de las emociones

Hay personas que ni siquiera conocemos o hemos visto muy pocas veces pero con el simple hecho de pensar en ellas o de escucharlas hablar ya comienza a desestabilizarse nuestro campo emocional. Ya sea que se trate de alguien que tenga opiniones contrarias a las nuestras o de alguien que en la calle simplemente hizo un comentario desagradable, si logra afectarnos es porque hay algo dentro nuestro que está resonando, que nos mueve y que es necesario trabajar.

Por otro lado tenemos a los más allegados, a esos seres que forman parte de nuestra familia o que amamos mucho pero que tienen un gran poder de cambiarnos de humor. Podríamos preguntarnos ¿cómo es posible que los seres que más amamos son aquellos con quienes más peleamos? 

La familia, la pareja, los más cercanos, son los que tocan los “botones” mejor que nadie, los que activan esos puntos que nos hacen estallar. Por algo encajamos como familia, encajamos energéticamente para compartir un escenario y aprender a amar.

Sea cual sea el caso, conocidos o desconocidos, no dejan de ser escenarios que generamos y si nos afectan es porque algo debemos revisar internamente.

Lo importante es no perder de vista el hecho de que no se trata de una cuestión personal. No es la persona la que nos genera el conflicto. El conflicto es interno y si no es de la mano de esa persona, vendrá otra para que lo podamos afrontar. 


Los órdenes del amor

Seguramente has oído decir que somos nosotros los que elegimos a nuestros padres. De hecho, así ocurre, aunque no de la manera en que quizás estamos acostumbrados a pensar. Elegir es un encaje de frecuencia producto de los enlaces de otras incorporaciones que tenemos que sanar. Estos enlaces que creamos por odio, rencor, angustia o cualquier otro sentimiento de baja frecuencia, se sanan a través del amor. 

Siendo la familia ese espacio que hemos creado antes de nacer, ya sea para sanar o también para apoyarnos, es el contexto para aprender a amar. Por eso, es de suma importancia que cada miembro ocupe el lugar que le corresponde. A veces por sobrepoteger a nuestros hijos o evitar que se enojen con nosotros acabamos invirtiendo los roles o asumiendo otros que no nos pertenecen.

Si un bebé nació en un contexto para crecer y eligió a una determinada persona para que sea su mamá, esa mamá debe jugar el rol de mamá. Entender que no es la amiga, ni la hermana, ni la novia, sino la mamá parece algo obvio, pero el respetar el rol asumiendolo como tal evitará que en la familia se produzca un amor desordenado. 

Respetar un rol no implica hacer algo forzado ni desorbitado, simplemente requiere que estemos alineados con la situación y el escenario que estamos atravesando.

Tomando como ejemplo el caso de una mamá, entendiendo que las mamás cuidan pero también ponen límites; que las mamás aman y también dicen “no toques el enchufe” entenderemos que generar un entorno de amor es cumplir el papel. 

En este punto debemos tener un especial cuidado y entender que solo debemos ocuparnos de nuestro rol. No importa si nos damos cuenta de que los demás juegan papeles equivocados y están ocupando lugares que no le corresponden, no es nuestra tarea corregirlos porque cada cual sabe lo que hace desde su propio punto de vista. 

Entendiendo que no hay un correcto hacer,  la clave se resume en observar el hacer propio y preguntarnos ¿esto que hago me hace sentir bien o me hace sentir mal? ¿comportarme de esta manera me trae felicidad o sufrimiento?


Vínculos más allá de lo físico

¿Cómo sanar un vínculo con una persona que ya no está en este plano? Que la persona esté o no en este plano no tiene importancia a la hora de sanar el vínculo. No necesitamos contactarnos o hablar con la persona para liberar el enlace de baja frecuencia que hemos generado. Lo único que tenemos que hacer para sanar esa relación es elevar la calidad vibratoria del sentimiento desde la punta de nuestro enlace, es decir, de manera unilateral haciéndonos cien por ciento cargo de la relación.

Hacerse cien por ciento cargo de la relación no es una alternativa para los casos en los que no tenemos la ocasión de ver a la otra persona, sino que es la manera de salvar todos los enlaces, aunque se trate resolver enlaces con personas que vemos a diario.

A veces pensamos el proceso de sanar desde un punto de vista más humano y creemos que es necesario hablar con la persona, decirnos “te perdono” y solucionar las cosas. Pero desde el punto de vista de la energía, lo importante es trabajar ese registro en uno mismo. 

Solo cuando el recuerdo de la persona no desequilibra el campo emocional se puede decir que el vínculo está sanado, independientemente de si hicimos algo o no. A fin de cuentas, el verdadero perdón consiste en poder generar un sentimiento desde el amor. Perdonar desde el ego, desde el intelecto o porque es políticamente correcto no es perdonar. Perdonar es lograr la conexión con el origen y elevar la frecuencia hasta el punto en que el amor nos inunde para empezar a irradiar. 


La gran diferencia entre querer y amar

Volver a generar un sentimiento de amor con alguien no implica volver a querer a esa persona. Así como también querer estar con alguien no implica que exista un verdadero amor. 

Todos en algún punto seguramente oímos hablar del amor no correspondido ¿existe esto en verdad? Amar desde un punto de vista humano nos hace creer que necesitamos al otro para ser felices, para completarnos. Sin embargo, el verdadero amor, aquel que se logra al conectarnos con el amor de la fuente es capaz de amar sin esperar nada a cambio. 

La personalidad puede creer que sufre por amor y esforzarse muchísimo para dejar de amar. Pero ese no es el punto. No se trata de dejar de amar, sino de dejar de querer. Si el amar a otro te hace mas infeliz a ti, no es amor.

La famosa creencia de sufrir por amor es una total contradicción. El amor es uno de los sentimientos de más alta frecuencia ¿cómo podría traernos dolor? Si luego de una ruptura sentimos dolor lo que está doliendo es el ego, pero no duele el amor. Si el amor doliera no sería amor.


La mejor manera de restablecer un vínculo es creándolo 

Muchas veces ocurre que al amor hacia ciertos seres sigue intacto pero dentro nuestro un sentimiento de dolor o rencor impide que podamos volver a acercarnos a ese ser para «que todo vuelva a ser como antes» ¿es acaso esta la mejor manera de restablecer el vínculo?

Quizás esta historia te ayude a generar otro punto de vista…

Hace 5 siglos atrás, un japonés llamado Ashikaga Yoshimasa, rompió una taza de té. Como esta taza tenía un valor sentimental muy grande para él, en lugar de tirarla decidió mandarla a China para que pudieran arreglarla.

Sin obtener un buen resultado, probó con los artesanos de su país y al parecer dieron con una técnica que lo sorprendió y colmó sus expectativas más de lo esperado.  

Estos artesanos aplicaron una técnica en la que las piezas se encajaban y pegaban con un barniz espolvoreado en oro hasta lograr una forma original. Con este proceso, lo que hacían los expertos era destacar las marcas de las roturas, en vez de intentar ocultarlas, convirtiendo de esta forma a la pieza en una completamente nueva, única y original.

El kintsugi es el arte de reparar fracturas de cerámica con barniz o resina espolvoreada con oro. La filosofía que está detrás es que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y no hay motivos para ocultarlas. Poniendo  de manifiesto su transformación, las cicatrices en lugar de arruinar el objeto, es capaz de embellecerlo.

Generalmente estamos acostumbrados a pensar que los vínculos que tenemos o hemos tenido con diferentes personas han fracasado o se han roto. Por esa creencia en que hay algo roto vamos en busca de algo que “pegue”, que “una” nuevamente el vínculo que se dañó. Pero una cosa es querer sanar un vínculo, restablecerlo, y otra muy distinta es querer que la relación vuelva a ser como antes. Por eso  la mejor manera de restablecer el vínculo con alguien es crear uno nuevo.

Querer pegar las piezas rotas de una relación pretendiendo que todo quede como estaba antes es buscar inspiración en el pasado para recuperar lo perdido. Sin duda ir tras eso es una experiencia que causará dolor.

Pero si en lugar de eso, pones la atención en quien eres hoy y en las piezas que hoy tienes para compartir, seguramente se unirán a otras de la manera más genuina que hayas pensado.

Crear un vínculo nuevo no necesariamente implica conocer a nuevas personas. Conocer a otros seres es una posibilidad aunque también habrá veces en las que te encontrarás creando nuevos vínculos con los mismos seres de siempre.  

Si logramos entender que somos capaces de diseñar viajes, proyectos, emprendimientos ¿por qué seguimos creyendo que las relaciones son como nos tocaron y no las podemos cambiar?

Es tiempo de comprender que las relaciones también se diseñan, aceptar de una vez que somos creadores y empezar a crear . 

¡Déjanos tus comentarios y compártenos tu experiencia creando nuevos vínculos!

Si deseas ver el video puedes hacer clic aquí

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